¿Es una buena idea crear un ser humano “superior”?

Según informes de The Wall Street Journal, multimillonarios de Silicon Valley están intentando expandir las fronteras de la ingeniería genética en la eterna búsqueda de crear seres humanos genéticamente modificados con inteligencia mejorada y rasgos preferidos en diferentes culturas.
La edición de genes en espermatozoides, óvulos y embriones está actualmente prohibida en los Estados Unidos. El esfuerzo actual de Preventive, una startup de Silicon Valley, involucra a una pareja con una anomalía genética que desea participar en la producción de un embrión genéticamente modificado.
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Actualmente, los científicos emplean tecnologías para tratar defectos genéticos de nacimiento (incluida la edición e inserción de ADN después del nacimiento, pero no antes).
De hecho, científicos y especialistas en ética médica han estado pidiendo “una moratoria global hasta que se resuelvan las cuestiones éticas y científicas”.
Preventive es el precursor de otros esfuerzos en Silicon Valley y más allá que están desafiando todos los límites en las áreas de la ingeniería genética y las tecnologías reproductivas. El objetivo declarado es intentar curar enfermedades genéticas y defectos congénitos. El objetivo declarado es producir bebés “libres de enfermedades genéticas y resistentes a las enfermedades”.
Sin embargo, la sombra que se cierne sobre toda esta experimentación es el espectro de la eugenesia (el estudio de cómo organizar la reproducción dentro de una población humana para aumentar la aparición de características hereditarias consideradas deseables).
Los intentos científicos de identificar, manipular y modificar genes en espermatozoides, óvulos femeninos y embriones están plagados de enormes problemas éticos y morales. El atractivo comercial es claro. Muchos padres pagarían grandes sumas de dinero por tener un hijo genéticamente mejorado, con la garantía de ser mental y físicamente superior a la norma anterior.
En primer lugar, ¿qué seres humanos van a decidir qué rasgos genéticos deben preferirse y cuáles no? Tratar defectos genéticos conocidos para que un niño sea normal es una cosa. Buscar mejorar artificialmente el coeficiente intelectual o la habilidad musical o atlética es un asunto completamente diferente.
Al intentar jugar a ser Dios (una atracción fatal para muchos seres humanos), inevitablemente fracasaremos porque somos seres humanos imperfectos, no el Padre Celestial infinito. ¿Qué rasgos deberían mejorarse y cuáles deberían eliminarse del genoma humano?
Estos esfuerzos por mejorar artificialmente el genoma humano traen a la mente la película de ciencia ficción de 1997 "Gattaca", protagonizada por Ethan Hawke, Uma Thurman, Alan Arkin y Jude Law. La película retrata una época en el futuro en la que la humanidad se divide en dos grupos: los que fueron concebidos mediante ingeniería genética y los que fueron creados de la manera “natural”. Aquellos que no son genéticamente modificados son ciudadanos de segunda clase, excluidos de trabajos prestigiosos como el de astronauta.
"Gattaca" es una academia de entrenamiento espacial y una estación que envía astronautas a largos viajes de exploración al espacio.
El héroe de la película era un “defectuoso” nacido de forma natural que tiene un defecto cardíaco y, sin embargo, quiere ser astronauta. No tiene ninguna posibilidad a menos que pueda conseguir una “escalera”, alguien concebido mediante ingeniería genética que le permita asumir su identidad genética. Consigue esa escalera, un joven brillante que ha quedado incapacitado permanentemente por un terrible accidente. Al convertirse en un astronauta exitoso, el héroe demuestra que “no siempre se puede juzgar un libro por su portada”. La selección genética no mide el deseo, el impulso o el compromiso; en otras palabras, el espíritu humano.
Hay dos escenas en la película que destacan especialmente este punto. La primera es cuando el hermano del “defectuoso”, que fue concebido mediante ingeniería genética, compite nadando con su hermano y, de forma inexplicable, este supera a su hermano genéticamente “superior”. Frustrado, el hermano genéticamente modificado pregunta: “¿Cómo lo haces? ¿Cómo haces todo esto?”. La respuesta, por supuesto, es el deseo y el compromiso, que no pueden reducirse a genes o a “X” y “O” científicas.
La segunda escena es al final de la película, cuando la tripulación (con el “defectuoso” como navegante) se enfrenta a una última prueba genética no programada antes de abordar la nave espacial. Anticipando que será descubierto y descalificado (lo que no ocurre gracias a un técnico de laboratorio comprensivo), quien dice: “Solo recuerde. Fui tan bueno como cualquiera, y mejor que la mayoría”.
Cuando empezamos a intentar modificar seres humanos mediante ingeniería, nos estamos metiendo en un terreno que nos sobrepasa ética y moralmente. Si permitimos que esta investigación proceda sin la más estricta supervisión, estaremos invitando a tragedias desgarradoras en un futuro no muy lejano.
¡No se puede reducir el espíritu humano a una ecuación científica!