Trump endurece sanciones contra Cuba y advierte que la isla “no podrá sobrevivir”

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció nuevas sanciones dirigidas contra Cuba, centradas especialmente en el comercio de petróleo que llega a la isla.
En declaraciones públicas, Trump afirmó que “Cuba no podrá sobrevivir” bajo las condiciones económicas actuales, al tiempo que calificó al país caribeño como una “nación fracasada”.
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Estas palabras se producen en un contexto de fuerte tensión diplomática y de crisis económica regional vinculada a la situación en Venezuela, uno de los principales proveedores de crudo para La Habana.
El gobierno estadounidense emitió una orden ejecutiva para imponer aranceles adicionales a los países y compañías que venden o transportan petróleo hacia Cuba. La intención oficial es restringir aún más la capacidad del régimen cubano para acceder a combustible, un recurso estratégico para el transporte, la generación eléctrica y la vida cotidiana.
La Casa Blanca busca “escalar la presión económica” sobre la isla, con la expectativa de influir en su política interna y en su relación con el gobierno de Venezuela.
Estas medidas llegan en un momento en que Cuba ya enfrenta un escenario complejo de escasez de combustibles y tensiones sociales.
La crisis en Venezuela ha reducido significativamente el envío de petróleo subsidiado, lo que ha impactado el suministro de energía y servicios básicos en el país caribeño. Al sumar nuevos aranceles y sanciones, la administración Trump confía en debilitar aún más los vínculos entre La Habana y Caracas, considerados un eje clave en la geopolítica regional.
El anuncio genera preguntas sobre el efecto real de las sanciones en la población, especialmente en sectores vulnerables como ancianos, niños y familias de bajos recursos, así como en las comunidades de fe que sirven en barrios empobrecidos.
Las iglesias evangélicas, tanto en Cuba como en la diáspora, han venido denunciando dificultades para desarrollar su labor social y misionera en un contexto de restricciones económicas y limitaciones a la libertad religiosa.
Cuba condenó enérgicamente las nuevas medidas y las calificó como un acto hostil, mientras hizo un llamado a la comunidad internacional para rechazar lo que considera una escalada de presión económica.
El régimen cubano reclama un espacio de diálogo y la eliminación del embargo, argumentando que estas políticas afectan principalmente al pueblo y no a las élites dirigentes.
Ante este escenario, diversas organizaciones cristianas han insistido en que cualquier solución a la crisis debe considerar la dignidad humana, la paz y el respeto a los derechos fundamentales, incluida la libertad religiosa.